A una hora y media más o menos de Oporto, en el distrito de Vila Real, hay un pueblecito que debe toda su fama a un agua que brota de la roca granítica. Vidago se ha convertido, a lo largo de más de un siglo, en uno de los nombres más conocidos del turismo termal portugués —con un palacio centenario de por medio, que sigue atrayendo a curiosos hasta hoy.
Un descubrimiento por sed

Cuenta la historia —relatada, entre otros, por el historiador José Hermano Saraiva— que todo empezó allá por 1860, cuando un campesino de la zona se sació la sed en una fuente que se encontró por el camino. Se dio cuenta de que el agua tenía un sabor extraño y que, además, aliviaba los dolores de estómago. El relato llegó a oídos de un médico local, que mandó analizar el agua, y se confirmó que tenía propiedades medicinales. Ya tenías el pretexto perfecto para convertir Vidago en un destino termal.
El sueño de un palacio que nunca recibió a la realeza
La fama de las aguas atrajo a tanta gente que la Sociedad de las Aguas de Vidago decidió poner en marcha un proyecto ambicioso: construir un hotel de lujo capaz de rivalizar con los mejores de Europa. El arquitecto elegido fue Miguel Ventura Terra, uno de los nombres más destacados del país —también autor de la Maternidad Alfredo da Costa, en Lisboa—. Las obras comenzaron en 1908, pocas semanas después del asesinato del rey D. Carlos y del príncipe heredero. La inauguración estaba prevista para el 6 de octubre de 1910, pero el día anterior cayó la monarquía y se instauró la República: D. Manuel II, que debía presidir la ceremonia, se exilió, y el palacio nunca llegó a ser visitado por ningún miembro de la familia real.
Un hotel adelantado a su tiempo
A pesar de sus turbulentos comienzos, el Vidago Palace se convirtió rápidamente en un referente del turismo termal portugués. Fue el primer hotel del país en tener ascensor, y sus 200 habitaciones — detrás de 365 ventanas, una para cada día del año— contaban todas con teléfono, algo prácticamente inédito en aquella época. En 1936, el hotel se amplió con un campo de golf de nueve hoyos. A lo largo de las décadas, ha recibido a huéspedes como Salazar, Egas Moniz o António Spínola.

Cerrado, reformado, reabierto
Con el cambio de hábitos de los portugueses —más playa, menos balnearios— el Vidago Palace acabó perdiendo protagonismo, hasta que cerró en 2006 para someterse a una profunda reforma. Se conservó la fachada, de unos 100 metros, pero el interior se reconstruyó prácticamente desde cero, reduciendo el número de habitaciones de 200 a 70. El nuevo balneario quedó a cargo del arquitecto Álvaro Siza Vieira, y el campo de golf pasó de 9 a 18 hoyos.
Las características de las aguas termales
El agua mineral de Vidago se clasifica como gasocarbonatada, bicarbonatada sódica e hipersalina, con una temperatura de 15,3 ºC y un pH de 6,5. Según la Red de Balnearios de Portugal, está indicada para problemas reumáticos y musculoesqueléticos, del aparato digestivo, del aparato respiratorio, de la piel y del sistema nervioso. Las termas están abiertas todo el año, de enero a diciembre, con horario diario de 9:00 a 20:00.
Un parque centenario rodeando el hotel
El Parque de Vidago, creado en 1910 y con unas 100 hectáreas, es hoy la gran atracción del pueblo, además del hotel. Allí crecen magnolias, plátanos, camelias, acebos y pinos centenarios, rodeando un lago y cuatro manantiales de agua termal, dos de ellos aún activos —uno de los cuales puedes probar junto al hotel—.
Cómo llegar desde Oporto
Vidago está en el municipio de Chaves, distrito de Vila Real, a unos , a una hora y media en coche de Oporto por la autopista A7.
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