Caminar es sinónimo de beneficios para la salud y el bienestar, por eso cada vez más portugueses buscan escapar del estrés y la monotonía del día a día, sobre todo en entornos naturales impresionantes. Uno de los mejores ejemplos es el Paseo de Barrinha de Esmoriz/Lagoa de Paramos.
Situadas entre los municipios de Ovar y Espinho, a unos 26 kilómetros de Oporto y a unos 30 minutos en coche, estas pasarelas de madera son unas de las más bellas de la costa atlántica del norte. El sendero ofrece una experiencia única, entre pequeños puentes, un muelle flotante y varios miradores de la laguna y el mar.
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Una breve mirada al contexto
Abiertas al público desde 2018, las pasarelas de Barrinha de Esmoriz/Lagoa de Paramos son el resultado de tres años de obras que supusieron una inversión de más de tres millones de euros. Esta intervención ha servido para recalificar una zona con un pasado ‘oscuro’, donde antes se depositaban residuos industriales.
De este modo, se han devuelto a la población y atraen a visitantes de los municipios de Ovar, Espinho, Santa Maria da Feira, Vila Nova de Gaia y Oporto, que buscan pasear al aire libre, sintiendo la brisa del Atlántico en la cara. Además, hay que destacar la importancia de este lugar en términos de fauna y flora, ya que también «esconde» otros puntos de interés.

¿Qué tienen de especial los Paseos de la Barrinha de Esmoriz?
La Barrinha de Esmoriz/Lagoa de Paramos es el humedal más importante de la costa norte de Portugal, con 396 hectáreas en los municipios de Espinho y Ovar. Consiste en una laguna costera que se comunica periódicamente con el mar a través de un canal en el cordón dunar», reza uno de los paneles informativos disponibles en el lugar.
De hecho, además de por su belleza natural, esta zona destaca por su biodiversidad. Por ejemplo, aquí anidan más de 100 especies de aves y también sirve de «vivero» para diversos peces. Así que no es de extrañar que forme parte de la red Natura 2000 y sea considerado Lugar de Importancia Comunitaria.
Como ya hemos mencionado, las aves desempeñan un papel fundamental en la fauna, pero también hay sitio para vertebrados como la rana hocicuda, la anguila europea y el murciélago ratonero grande. En cuanto a la flora, destacan los carrizales a lo largo de casi todo el recorrido, en un paseo circular de 8 kilómetros.

Playas, laguna, árboles y plantas
La ruta es relativamente fácil y no demasiado empinada, apta para niños y adultos, senderismo y ciclismo. Aunque hay que prestar atención, ya que algunos usuarios han advertido de que algunos de los tablones de madera necesitan mantenimiento.
Hay varias entradas al sendero, siendo la del lado sur una de las más utilizadas por los visitantes. De hecho, se puede aprovechar esta zona para aparcar junto al campo de fútbol. El lado este promete sorprenderle y llevarle a lugares muy diversos, como:
- Playa de Paramos
- Playa de Esmoriz
- Laguna de Paramos
- Dos icónicos puentes de madera
- Miradores y un observatorio de aves, entre otros.

Rodeada de cañaverales y pinares, la ruta ofrece impresionantes vistas de la laguna costera y del mar, así como la oportunidad de cerrar los ojos, respirar hondo y sentir el eco de las olas del Atlántico.
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