No hay agosto en Oporto sin el tradicional Desfile del Traje de Papel, también conocido como Desfile de San Bartolomé. Con más de 150 años de historia, este emblemático desfile vuelve a salir a las calles de la zona de Foz el domingo 30 de agosto. Y este año hay un hito importante que celebrar.
Según la Unión de Parroquias de Aldoar, Foz do Douro y Nevogilde (UFADN), citada por el portal de noticias del Ayuntamiento de Oporto, la edición de 2026 contará con un «número récord» de 700 figurantes. Este evento, que se celebra cada año, suele reunir a unos 500 figurantes y atrae a miles de curiosos a la Invicta.
Del recorrido al Patrimonio Cultural Inmaterial

Bajo el lema «Fábulas y leyendas», este desfile con siglos de historia arranca a las 10:30 en la calle das Sobreiras, para seguir por el Passeio Alegre y la calle Senhora da Luz. El desfile culmina en la playa del Ourigo, donde tiene lugar uno de sus momentos más esperados: el tradicional «baño santo», el baño de San Bartolomé.
Hay que destacar que no es solo por el «número récord» por lo que esta edición promete ser especial, ya que el Desfile del Traje de Papel ha sido incluido en el Inventario Nacional del Patrimonio Cultural Inmaterial (INPCI) y es candidato a ser reconocido por la UNESCO.
Un viaje al pasado para «ahuyentar al diablo»

Para entender el contexto, hay que remontarse al siglo XIX y a la secular romería de San Bartolomé. Cuenta la leyenda popular de la época que, por estas fechas, el Diablo andaba suelto por las calles. La salvación, sin embargo, estaba en las olas: la gente creía que el propio santo se manifestaba en las aguas del mar y, por eso, los devotos se lanzaban a las olas en el famoso «baño santo», en un auténtico ritual de protección y purificación.
La magia y la fragilidad del papel no se unieron a esta devoción hasta mucho más tarde, ya en la década de 1930. La irreverencia la trajo un hombre del mar —el barquero Costa Padeiro—, que en aquella época se unió ala pintoresca«Fiesta del Bañador». Sin embargo , el primer desfile oficial, con los trajes de papel desfilando en todo su esplendor hasta las frías aguas de la Foz, no salió a la calle hasta el año 1952.