Las grandes ciudades como Oporto nos ofrecen infinitas opciones de entretenimiento, en una agenda que se llena al ritmo acelerado del día a día, pero a veces el mayor lujo es apagar el móvil. A menos de dos horas en coche de Oporto, a unos 90 km, el pueblo de Pena es el destino ideal para quien necesita desconectar.
Situada en un lugar remoto, en los «confines» del valle de la Serra de São Macário, aquí el ajetreo de la ciudad es una realidad lejana, que solo encuentra un paralelo en temporada alta —momento en el que esta localidad del municipio de São Pedro do Sul (distrito de Viseu) recibe más atención de los turistas. Con poco más de diez habitantes, lo que le falta en población, lo compensa con mística y ese aire pintoresco típico de las casas de pizarra yesquisto.
Donde «el muerto mató al vivo»

En un lugar tan inhóspito, donde para llegar hay que serpentear por las curvas cerradas de la Serra do São Macário, no es de extrañar que hayan surgido leyendas fascinantes. La que pone a Pena en el mapa nacional es la del «muerto que mató al vivo».
Se cuenta que, en un invierno muy duro, un grupo de hombres transportaba un ataúd por un sendero empinado y resbaladizo, lo que provocó que el ataúd se cayera, golpeando mortalmente a uno de sus portadores.
Hoy, esta historia da el tono a la Adega Típica da Pena, donde la frase está escrita con orgullo en la entrada. Es el lugar de visita obligada para degustar la famosa ternera de Lafões o el cabrito asado mientras escuchas las historias del pueblo.
El refugio que se esconde del sol

Debido a su ubicación geográfica extrema, el pueblo de Pena, uno de los más pequeños de Portugal, recibe pocas horas de sol. En invierno, la luz natural visita el valle solo durante tres horas, creando una penumbra mística que, unida al sonido del arroyo, transporta a los visitantes a una dimensión de tranquilidad absoluta.
Un reto para los intrépidos

Llegar a Pena es, de por sí, toda una aventura. La carretera es empinada y estrecha —en muchos tramos solo cabe un coche a la vez—, lo que convierte el descenso hasta el fondo del valle en un momento de adrenalina. Pero la recompensa llega nada más aparcar el coche a la entrada (ya que no se permite circular con vehículos en el interior): la sensación de que «mereció la pena venir a Pena».
Tras los graves incendios que afectaron al municipio de São Pedro do Sul en 2025, visitar esta zona del país es también una forma de apoyar la resiliencia de las comunidades que viven en entornos más rurales.
¿Qué puedes visitar?
- Paseos por las calles y callejuelas estrechas
- Una comida en la Adega Típica da Pena (restaurante)
- Las pequeñas tiendas de artesanía
- La Ribeira da Pena
- Y la Pena Guest House para quienes quieran prolongar la experiencia durmiendo en el silencio total de la sierra.
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